Desde que despunta el sol, en lo más alto de las torres de la Catedral, se escuchan las notas musicales de sus campanas: es el tañer del alba que despierta la ciudad. Prosiguen los viejos bronces con su alegre repiqueteo para convocar a los oficios divinos; por la mañana, al medio día y por la tarde. Después de subir los 123 peldaños de la torre oriente se encuentran 8 campanas de las cuales citaremos primero su procedencia: la campana es un instrumento de metal en forma de copa invertida que herida por el badajo se utilizó por vez primera en Occidente, en la provincia italiana de Campania, de ahí su nombre. En un principio fueron elaboradas con láminas de hierro robladas que habían sido mojadas en bronce derretido; poco después las forjaron por función de bronce. Más tarde en España las hicieron con la fusión de varios metales que se añadían al bronce: oro, plata, cobre. Respecto del tamaño fueron de reducidas dimensiones en su origen; pero aumentó su volumen al grado de que en Cantorbery se necesitaban 24 hombres para tocar una campana. En el siglo VIII, con la introducción del campanario como pieza nueva de arquitectura, tuvieron que forjarlas más pequeñas. A los largo de la historia, las campanas han desempeñado un papel importantísimo en la vida de iglesia, gracias a sus diversas funciones para congregar a los fieles.   

En lo que respecta a la Catedral de Morelia, hay ahí, en el segundo cuerpo de la torre oriente, 9 campanas cuyos nombres son: 1.- «Cristo Salvador ten misericordia de nosotros». La segunda en orden a su tamaño mira hacia el norte, fue fundida por Francisco Ruiz en 1703, y tiene las siguientes inscripciones: «Jesús-Ntra. Sra. de Guadalupe-Sr. San José-Sr. San Joaquín». Hacia el oriente hay dos campanas, una bastante grande dedicada a San Pablo y otra más chica. Ambas fueron confeccionadas por Tranquilino Juárez en 1878. Hacia el sur hay también dos, de 1901; la mayor lleva el nombre de San Martín. Sobre las cabezas de los visitantes y suspendidas de gualdras centenarias, hay otras dos cuyas inscripciones no se pueden leer precisamente por la forma en que están colocadas. Finalmente, en una especie de hornacina, en el ángulo suroeste de la torre, hay otra campana de regulares proporciones. 

Pero subiendo al segundo cuerpo de la torre hay ocho esquilas cuyos nombres y fechas son las siguientes: San José 1853. San Pedro-Enero de 1953. Santa Ana-Septiembre de 1821. San Bruno 1837. San Miguel 1856. San Juan 1888. Santa Bárbara 1879. Sr. de la Sacristía 1967. ¡Qué pocas ciudades de la República cuentan con el concierto que estas esquilas y estas campanas ejecutan!